Decidí ser lo que soy

Mayo / 2019

Margarita Ponce aprendió a sobreponerse a las dificultades de su entorno desde que era niña. Fue abandonada por su madre, sufrió abuso, tuvo un embarazo adolescente y se quedó viuda cuando era muy joven. Hoy se dedica a hacer sándwiches para que una de sus hijas y otras dos personas los vendan en la calle. Con 70 años, solo piensa en seguir emprendiendo. Su anhelo es establecerse con un pequeño almacén en su casa.

Margarita pertenece al Banco Comunitario Paciencia de Huechuraba.

Mi mamá me dejó por hartos años. Se encontró con un caballero con un saco al hombro, se casó con él y dejó a mi papá con nosotros, mis hermanos y yo. De ahí tuve que empezar a tirar para arriba.

Cuando chica pasé como volantín de rebote, pa’ allá y pa’ acá. Me fui un tiempo a vivir con mi mamá a Cartagena. Una noche mi mamá cayó enferma. Mi padrastro se la llevó hospitalizada a San Antonio, llegó en la madrugada de vuelta y en vez de meterse en su pieza se metió en la mía. Se puso a manosearme. Lo rasguñé. Corrí y me senté frente a un ventanal, acurrucadita, llorando.

Con eso que me pasó yo me puse dura. No tengo que ser como mi mamá, no tengo que depender de un hombre. Mis cabros, primero. Fui mamá a los 14 años. Vendía en la cola de la feria, después tuve permiso y un puesto. Quedé viuda a los 19 años, mi hija grande apenas andaba y tenía cinco meses de embarazo en la guata. Mi marido de la noche a la mañana se ahorcó. Tenía problemas familiares con su padre y me dejó sola, sin tener donde vivir.

En un tiempo se me dieron malas las situaciones. Dejé de trabajar en la feria. Ahí me decidí a trabajar apatronada. Trabajé nueve años en los colegios y jardines de Huechuraba como manipuladora de alimentos porque hice el curso de la JUNAEB. Ese fue mi último trabajo apatronado.

Ya llevo 7 años trabajando independiente. Fue casi cuando comencé con la Fundación Crecer. Se empezó a independizar mi hija y yo les hacía los sándwiches para que ellos los trabajaran. Yo ahora mando a comprar las cosas a La Vega o voy yo. Aquí hago 240 sándwiches en la tarde, los montamos, los echamos a las cajas. Tengo tres personas que me venden, mi hija y dos niñas de afuera. Venden en el metro Zapadores, la otra vende en Vespucio. Este ingreso ha sido muy importante para mantenernos y, aparte de eso, para surgir.

El crédito de la Fundación Crecer me sirve para comprar por más cantidad, porque así me hacen precio, me abarata al tiro el costo y gano más. Soy perseverante. Quiero tener más, día a día, e ir surgiendo, no quedarme estancada en el hoyo que nací y en el que me crié cuando chica. Yo decidí ser lo que soy en la vida, yo decidí ser lo que soy ahora, todo ha sido decisión mía. Soy tira pa’ arriba. No voy a andar llorándola. Yo doy gracias todos los días porque todavía no dependo de nadie, no dependo de un hombre o de un hijo. Dependo de mí y de mi trabajo.

Historias relacionadas

  • No podría vivir en Perú haciendo lo mismo de acá

    Yo trabajo porque me gusta. Me siento bien cuando me dicen que tengo mano de monja o que está rico. Eso me hace feliz.

    image

  • Este trabajo me hace feliz

    Un miembro de la Fundación Crecer nos dijo: ‘Ustedes son valientes porque ustedes tienen la ambición de tener su negocio, por muy pequeño que sea’. A mí me quedó grabada esa frase en la mente: ‘Ustedes son valientes’

    image

  • La plata sirve, pero no es lo único en la vida

    A mí me dijeron tantas veces que no iba a poder sacar el 4° Medio, que no iba a poder estudiar. Que no, tantos no. Y ahora ven.

    image